Diferentes definiciones pueden encontrarse en torno al cambio climático, sin embargo, una de las consultadas, perteneciente al Panel Intergubernamental para el Cambio Climático, en lo sucesivo IPCC, citado por Lavell (2011), respecto al cambio climático:
Se refiere a un cambio substantivo en los patrones y parámetros del clima como resultado de variaciones en factores naturales y la influencia humana, específicamente a través de la emisión de los gases de invernadero tales como bióxido de carbono y metano; el efecto de la isla de calor urbano, cambios en los patrones rurales de uso del suelo y la desforestación. (p.11).
Sin duda alguna, que lo que hoy conocemos como “cambio climático”, obedece a la ruptura de la relación armónica entre el hombre y la naturaleza, y así la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, en lo sucesivo CMNUCC, señala que el origen del cambio climático se puede atribuir “directa o indirectamente a las actividades humanas que alteran la composición de la atmósfera global y que se suma a la variabilidad del clima natural observada durante períodos de tiempo comparables”.
Sabiendo que es probable que el incremento en el futuro de eventos climáticos extremos, incida proporcionalmente en la cantidad y magnitud de desastres, nos sirve para establecer una clara relación entre la gestión del riesgo de desastres y el cambio climático.
El cambio climático y los desastres. Como sabemos, los fenómenos naturales como las lluvias, los sismos entre otros, no representan un desastre en sí. Por el contrario, lo que si puede desencadenar un desastre, es una comunidad expuesta a una amenaza, vulnerable y con escasa preparación.
De allí que el IPCC (2014), considere que el cambio climático pueda incidir en el riesgo de desastres de dos maneras distintas: primero, a través del incremento de las amenazas de origen climático; y segundo, con el incremento de la vulnerabilidad de los grupos humanos expuestos a estas amenazas.
Estas consideraciones incluyen, además, la degradación de los ecosistemas, menor disponibilidad de agua y alimentos, y cambios en los medios de sustento. Las condiciones de degradación ambiental por las intervenciones humanas, los crecimientos no planificados, entre otras, son factores que potencian las condiciones de vulnerabilidad y que dificultan la posibilidad de gestionar los riesgos, según las consideraciones del IPCC (2014). Para agravar la vulnerabilidad propia derivada de la condición de pobreza, se sabe que son los países pobres los que resultan más afectados frente a los desastres, entre otras cosas por sus capacidades bajas para emprender acciones que les permitan reducir el riesgo.
Son alarmantes las probabilidades que los eventos climáticos extremos traigan consigo el incremento de la cantidad o la magnitud de los desastres relacionados con esta amenaza, lo que exige que prontamente se adopten medidas de prevención y mitigación.
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